Perú y México, una oportunidad para reconstruir una relación estratégica
Las relaciones entre Perú y México tienden a mejorar próximamente. El deterioro comenzó tras la destitución del expresidente Pedro Castillo en diciembre de 2022 y alcanzó su punto más crítico cuando México concedió asilo diplomático a la ex presidenta del Consejo de Ministros, Betssy Chávez, decisión que Lima consideró una injerencia en asuntos internos.
Diversas versiones sostienen que el principal punto pendiente para restablecer plenamente las relaciones es la autorización de un salvoconducto o visa que le permita viajar al país que le concedió protección. Hasta ahora, el gobierno del presidente José María Balcázar no ha dado ese paso, aunque existen expectativas de que la presidenta electa Keiko fujimori respalde una salida diplomática que contribuya a normalizar los vínculos bilaterales.
La tradición mexicana de conceder asilo político es vista como un principio histórico de política exterior y no como un respaldo a las decisiones del expresidente Castillo.
Lo llamativo es que, pese al distanciamiento diplomático, la relación económica nunca se paralizó. El intercambio comercial continúa rondando los 2,500 millones de dólares anuales, protegido por el Acuerdo de Integración Comercial bilateral y los compromisos de la Alianza del Pacífico. Perú mantiene importantes exportaciones agroindustriales (uvas, arándanos, paltas y mandarinas) mientras importa maquinaria, bienes industriales y equipos mexicanos. Asimismo, empresas como Southern Copper mantienen inversiones relevantes en la minería peruana.
Sin embargo, el costo del desencuentro ha sido político y estratégico. La paralización de la agenda de la Alianza del Pacífico, la suspensión de misiones empresariales y la pérdida de mecanismos institucionales de cooperación frenaron proyectos de inversión, facilitación aduanera y nuevas oportunidades comerciales para ambos países.
Con la disposición manifestada por la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum y los acercamientos promovidos desde el Perú, se abre una ventana para superar un conflicto que nunca benefició a ninguna de las dos naciones. Restablecer plenamente las relaciones permitiría reactivar inversiones y devolver protagonismo a dos economías llamadas a tener un papel relevante en la integración del Pacífico latinoamericano.




