Ucrania, una guerra que no puede ganar
La prolongación de la guerra con Rusia ha transformado el mapa del conflicto y abierto la posibilidad de que Kiev pierda su acceso al mar Negro. Desde una mirada realista de la geopolítica, el respaldo militar de Estados Unidos y Europa no ha logrado revertir la superioridad estratégica de Moscú, mientras el riesgo de una escalada entre potencias nucleares mantiene en vilo al mundo.
Tras más de cuatro años de conflicto, el escenario militar parece inclinarse a favor de Moscú. Pese al masivo respaldo financiero, político y armamentístico de Estados Unidos y varios países de Europa, Ucrania enfrenta una realidad marcada por el desgaste humano, la pérdida de territorio y la imposibilidad de igualar el poder estratégico de una potencia nuclear como Rusia. La prolongación de la guerra no solo redefine el mapa del Este europeo, sino que mantiene latente el riesgo de una confrontación de consecuencias imprevisibles para todo el continente.
La guerra en Ucrania ha dejado de ser un conflicto de rápidas definiciones para convertirse en una prolongada disputa de desgaste. Desde la perspectiva del realismo geopolítico, el desequilibrio de poder entre ambos contendientes resulta determinante que Rusia conserva una superioridad militar, industrial y estratégica que difícilmente puede ser compensada únicamente con el suministro de armas occidentales.
El presidente ucraniano Zelenski saluda y alienta a los soldados heridos
Moscú posee el mayor arsenal nuclear del planeta y una industria de defensa capaz de sostener un conflicto prolongado, mientras que Ucrania depende en gran medida de la asistencia económica y militar de sus aliados. Esa diferencia estructural explica por qué, pese al respaldo de Washington y de varios miembros de la OTAN, el frente de batalla continúa favoreciendo lentamente a las fuerzas rusas.
En el desarrollo de la guerra, Ucrania ha perdido aproximadamente una quinta parte de su territorio y enfrenta la presión constante sobre regiones estratégicas. Entre ellas destaca Odesa, principal salida al mar del país y objetivo de gran valor militar y económico. Diversas voces en Rusia consideran esa ciudad parte de su esfera histórica, por lo que una eventual caída modificaría radicalmente la geografía política ucraniana, reduciendo su acceso marítimo y limitando severamente sus perspectivas económicas.
Jóvenes ucranianos huyen para no ir a la guerra
El frente militar continúa consumiendo vidas y recursos, el sostén de Ucrania depende cada vez más de la arquitectura logística y financiera de la OTAN. A través de la Lista de Requisitos Priorizados de Ucrania (PURL), la Alianza coordina la adquisición de armamento estadounidense que luego es transferido a Kiev, mientras el Comandante Supremo Aliado en Europa (SACEUR) identifica las necesidades más urgentes del ejército ucraniano. Hasta junio de 2026, los aliados y socios habían comprometido más de 1.400 millones de euros para este mecanismo, evidencia de que la capacidad de resistencia ucraniana continúa dependiendo, en gran medida, del respaldo occidental.
Hombros que cargan los cuerpos de miles y miles de seres humanos muertos en la infausta guerra.
Sin embargo, el desgaste de la guerra también parece reflejarse en la opinión pública. De acuerdo con encuestas de Gallup, una proporción creciente de ciudadanos ucranianos se inclina por una salida negociada con Rusia, tendencia que se fortalece desde 2024. Al mismo tiempo, la aprobación del liderazgo de Estados Unidos entre la población ucraniana habría descendido hasta apenas el 7 %, mientras el rechazo alcanza el 79 %. En contraste, tanto la OTAN como el presidente Zelenski sostienen que la resistencia continuará mientras existan condiciones para ello. La contradicción plantea una interrogante cuando las decisiones estratégicas prolongan una guerra de alto costo humano, ¿hasta qué punto la voluntad de los pueblos ocupa el centro de las decisiones políticas y militares?




