Los acuerdos rotos y el fantasma nuclear
El incumplimiento de los compromisos tras el conflicto entre Irán, Estados Unidos e Israel reaviva la tensión sobre la principal ruta energética del planeta y devuelve una inquietante pregunta ¿por qué la humanidad sigue conviviendo con armas nucleares?

El alcalde de Teherán, Alireza Zakani, dejó una reflexión que trasciende la coyuntura de la guerra entre Irán, Israel y Estados Unidos. Una de las preguntas que se hace durante la entrevista dada a Max Blumenthal, de The Grayzone, desnuda una contradicción que la comunidad internacional parece incapaz de resolver: ¿por qué la humanidad continúa conviviendo con arsenales nucleares capaces de exterminar ciudades enteras en cuestión de minutos?
Tras el conflicto de los cuarenta días y los anuncios de un cese de hostilidades, la expectativa internacional era que las partes respetaran los compromisos alcanzados. Sin embargo, al 14.07.2026, nuevos bombardeos estadounidenses sobre territorio iraní evidencian que la paz sigue siendo extremadamente precaria y que los acuerdos políticos continúan subordinados a los intereses estratégicos de las grandes potencias.

La consecuencia inmediata es una renovada tensión sobre dos de los corredores marítimos más sensibles del planeta, el estrecho de Ormuz, por donde circula una parte sustancial del petróleo y del gas que abastecen al mercado mundial, y el estrecho de Bab el-Mandeb, puerta de entrada al mar Rojo y paso obligado para el comercio entre Asia, Europa y África. Cualquier escalada militar repercute directamente en los precios internacionales de la energía, los costos del transporte marítimo y la inflación global.
Queda claro que cada misil lanzado en el Golfo Pérsico provoca además de la muerte de las especies marinas, incertidumbre en los mercados y eleva el riesgo de una confrontación de mayor alcance. Irán conoce el enorme valor estratégico de Ormuz, las potencias occidentales saben que mantener abierto ese corredor constituye un interés económico y militar prioritario. Bab el-Mandeb, por su parte, se ha convertido en otro escenario donde confluyen conflictos regionales y rivalidades internacionales que amenazan la libertad de navegación.

Sigue la cuestión planteada por Zakani. ¿Por qué se sigue teniendo armas nucleares? ¿Con qué propósito?
La respuesta oficial de los Estados que poseen estos arsenales suele ser la misma: la disuasión. Según esa doctrina, las armas nucleares existen para impedir que otro Estado ataque primero. Una sola ojiva nuclear moderna puede matar a cientos de miles de personas en pocos segundos. Varias de ellas, empleadas de manera simultánea, tendrían consecuencias humanitarias, ambientales y económicas imposibles de contener. No distinguen entre soldados y civiles. Destruyen hospitales, escuelas, infraestructura y generaciones enteras. Su sola existencia mantiene al planeta bajo una amenaza permanente.
Mientras algunos países son presionados para renunciar a cualquier desarrollo nuclear, otros conservan miles de cabezas atómicas como parte de su estrategia de seguridad. Esa asimetría alimenta la desconfianza internacional y debilita los esfuerzos por avanzar hacia un verdadero desarme.
La guerra entre Irán, Israel y Estados Unidos vuelve a demostrar que los conflictos del siglo XXI ya no permanecen confinados a las fronteras nacionales. Cada ataque repercute en la economía mundial, altera el equilibrio energético y aumenta el riesgo de errores de cálculo entre las potencias.





